Por Frederick Ferreras

En la encrucijada política que enfrentamos, las próximas elecciones municipales del 18 de febrero de 2024 se vislumbran como un hito que marcará un antes y un después en la historia democrática de nuestra sociedad. Lo que hace este evento verdaderamente trascendental es el fenomenal empoderamiento de la juventud, quienes ostentan ahora el papel protagónico en la determinación de nuestro futuro colectivo.

La energía y la visión de la juventud son elementos catalizadores que pueden impulsar cambios significativos en la administración municipal. Esta generación, dinámica y comprometida, no solo representa la promesa del mañana, sino también la fuerza transformadora del presente. Su voz, su perspectiva fresca y su impulso por la innovación son ingredientes esenciales para construir comunidades más resilientes y justas.

El llamado a la acción es claro: los jóvenes serán los árbitros de estas elecciones. No se trata simplemente de ejercer el derecho al voto, sino de hacerlo de manera informada y consciente. El rechazo a ser manipulados por politiqueros que solo buscan sus propios intereses es crucial. La responsabilidad recae en cada joven de evaluar detenidamente a los candidatos, analizar sus propuestas y considerar sus antecedentes.

En un momento en el que la desconfianza en la política es palpable, la juventud tiene el poder de cambiar el rumbo. Invito fervientemente a cada joven a votar masivamente y a desafiar el statu quo. No subestimen el impacto que sus elecciones pueden tener en la configuración de políticas y en la dirección de nuestra comunidad.

Estas elecciones no solo son una oportunidad para renovar la administración municipal, sino también para consolidar la influencia de la juventud en la toma de decisiones. Aprovechemos este momento para construir un mañana más inclusivo, progresista y justo. El futuro nos pertenece, y está en nuestras manos forjarlo a través de la participación activa en el proceso electoral.